
Ayer martes fue, por fin, el día en el que el mundo, representado por la ciudad estadounidense de Los Ángeles, le dijo adiós a los restos mortales del desde ahora inmortal Michael Jackson. 17.000 almas acudieron a presenciar “in situ” el evento en la casa de Los Angeles Lakers, el Staples Center.

La ceremonia fue muy musical, tal y como le hubiera gustado al “Rey”. Para empezar, un coro de gospel recibió entonando “vamos a ver al rey, no es momento de llorar…” el féretro dorado cubierto de rosas rojas que traía a Michael en su interior y que era ubicado a los piés del escenario. También participaron en el “concierto de despedida” Mariah Carey (que interpretó un tema de los Jackson Five:”I’ll Be There”), Lionel Richie (“Jesus in Love”), Stevie Wonder (“Never Dreamed You’d Leave in Summer”), o Jennifer Hudson (“Will you be there”).

Antes que nada, el pastor Lucious Smith recordó que Michael Jackson era, sobre todas las cosas, “hermano, hijo y padre, un miembro de la familia Jackson”. También dedicaron unas emocionadas palabras otros personajes amigos del artista como Berry Gordy, fundador de la discográfica Motown (“es el mayor artista que jamás ha vivido”) o la actriz-cantante Queen Latifah (“Michael era la estrella más grande en la Tierra”).

Los anfitriones del lugar, los baloncestistas de los Lakers Kobe Bryant y Magic Johnson evocaron la humanidad de Jackson y su constante ayuda por los más necesitados. Junto a ellos, otras celebridades como Usher, Brooke Shields, o el actor Wesley Snipes, que tampoco quisieron perderse la despedida oficial a uno de las leyendas del siglo XX (y parte del XXI).

También se proyectó un vídeo repasando durante varios minutos la vida audiovisual y musical de MJ, algo que hizo sentir una gran nostalgia a más de uno.



