Hay actos que nunca deberían llevarse a cabo por riesgo a terminar con el orgullo por los suelos. Después de haber anunciado la hora sin cámaras entre Nico y Ana Toro y su no edredoning a medias, pasamos al análisis de lo ocurrido entre la extraña pareja.
Nico ya había dejado claras sus intenciones para la hora sin cámaras. Comer, beber y beber era lo que italiano necesitaba para llegar a “y lo que surja” con la Toro. La organización de ‘Gran Hermano’ les cumplía el deseo (en el fondo son unos blandos) y la pareja pudo disfrutar de una cena a base de marisco con su ‘alvariño’ correspondiente. La cena venía acompañada por unos disfraces de Isabel la Católica y Cristobal Colón para completar la necesidad de cosplay frikierótico de Ana Toro.
Nico comió, Nico bebió y Nico siguió comiendo. La pobre Ana, al borde de cometer una violación, optaba por recurrir al humor para poder conseguir su poquito de contacto físico. Ana saltó, cabalgó e incluso voló por encima de un Nico cuya cara era el poema más triste de la vida. Y es que el italiano ya había conseguido su fin: comer y beber lo que quería.
Los de la hora sin cámaras salían de su restaurante particular con los disfraces puestos. Sus compañeros, obviamente entre risas, fueron directos a preguntar por el “triunfo” de la cena. Ana Toro lo resumió en una sola frase, “Nico a preferido comerse el bogavante”.
(Desde hoy mismo sonará en mi móvil el “¡Que venga la guardia!” de la Toro.)
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