‘ACORRALADOS’: Blanca de Borbón y el síndrome de Estocolmo

Ya lo dice la foto y no hace falta repetirlo.

Blanca de Borbón, de mi vida y de mi corazón, reina de la total parsimonia, calma y buen rollo… nuestra Blanca no puede evitar estar siempre en el ojo del huracán por cada movimiento que haga, ya sea sola o acompañada, siempre acaba recibiendo un latigazo. Su relación con Nagore es de un amor/odio total. Nagore no le deja ni pie ni pisar. Está todo el día encima de ella para que no se escaquee, porque se escaquea que da gusto –que todo hay que decirlo- y para que sus tareas acaben bien realizadas. Pero claro, la paciencia tiene un límite y la voz de Nagore puede ser taladrante hasta el punto de desear arrancarte las orejas y comértelas.

Nagore, después de perseguir a Blanca y hacer ambas un intercambio de gritos de los que te hacen desear una sordera crónica, ha conseguido que su atacada se vaya quejando de los gritos que recibe entre varios compañeros. Leticia, por ejemplo, no deja de repetirle la misma pregunta: “¿Pero por qué se lo permites?”

Pero el síndrome de Estocolmo está para lo que está: para que Blanca acabe arrimando su soberano culo a su capataza de la semana y se pongan a planear un nuevo robo que, en teoría, debe haberse llevado a cabo esta noche pasada. Para los que no veáis los resúmenes adelantaré que el objetivo de las tres bichas –Nagore, Blanca y Brenda- era terminar con las reservas de chorizo. Ahí es nada.

Web: Acorralados


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