‘Alaska y Mario’: Cervecitas y salones de bodas en diferido

Alaska y Mario foto

Alaska y Mario -un poco perjudicado este- posando junto a una fan de madrugada

Sentarse a ver ‘Alaska y Mario’ puede provocar adicción. ¡Benditos programas online! Ahí sigo descubriendo, al cabo de los meses, cómo fueron los preparativos de la boda. Lo de hacer dos fiestas es un poco ‘boda gitana’, ¿no? Sobre todo si las hicieron seguidas. Aunque eso no lo veré hoy, así que me guardaré de opinar hasta el momento.

Hay que ver también lo que le gusta a este chico un compromiso, así en general. Cuando no es en la casa, es en la casa de la vecina, pero siempre está de cervecitas y siempre es “la única que tomará ese día”.

¿Que por qué me pongo en este papel de padre? ¿Es esto una crítica destructiva? Nada más lejos de la realidad. Aquí habla la envidia. ¿Quién no desea una vida como esa, aunque sólo sea unos días? Es más, ¿quién no ha querido ser Alaska alguna vez?

Alaska en estado puro: la elección del salón para el banquete. Por un momento pensé que elegiría el de las columnas de agua con burbujas. Sí, el de los cristales rosas. Más que nada por los gritos de Mario, “¡Oy, oy, oy, qué bonito! ¡Señor, que no le venga ningún moderno a decirle que cambiar la decoración del salón, que lo tiene usted precioso!”

Así que la cosa ya va tomando forma. Y digo yo que, si uno puede llorar siete veces por siete reposiciones de ‘Verano Azul’ pues, también puede uno llorar con una boda en diferido, ¿no? La intención es lo que cuenta, chica.

Más información – Mario y su obsesión con el peso
Fuente – AyM
Foto – MTV


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