Here comes Honey Boo Boo: ¿Y si nos mudamos?

Honey Boo Boo

Seis culos y medio para un solo váter puede ser considerado herramienta de tortura. Lo del medio culo va por Kaitlyn, que todavía es pequeña y sus pañales aún pueden con sus cositas, pero el tiempo pasa para todos y la enana ya hasta está dando sus primeros pasitos.

June ha organizado una tarde visitando casas en venta. Un tope de noventa mil dólares es el que tienen puesto como marca. Es una pena que en esto de la compra de viviendas no valgan los cupones de descuento, porque seguro que les acababa saliendo gratis la casa. Que la familia en cuestión viva de la televisión no significa que hayan variado sus costumbres. Un agente inmobiliario muy particular ha acompañado a la familia, uno muy muy femenino. Alana, que de cortarse sabe bien poco, fue directa a preguntarle: “Are you a poodle?” (en referencia a su tío Poodle (caniche)). El chico asintió y comenzó con el tour.

La primera casa quedó descartada por un terrible problema de olores y la cantidad de arreglos que necesitaba. ¿Gastar después de gastar? Ese es un plan más que descartado para June. La segunda casa se adaptaba a la perfección. Cuatro habitaciones, dos baños, mucho espacio… todo lo que no tenían ahora y sin pasarse demasiado del presupuesto… pero estaban en el quinto infierno. La tercera casa fue más que nada como para mostrarles lo que podían llegar a tener si gastaban cantidades ingentes de dinero, así que aprovecharon para arrasar con el frigorífico y usar sus cuatro baños. Papelón. ¿Significa esto que la familia de Alana dejará su casa junto a la vía para mudarse a la segunda casa? Pues no. Eso de irse a mudar adonde Cristo perdió el mechero es algo que no ha gustado a nadie y ha sido motivo más que suficiente como para seguir encantadas de la vida con sus trenes su único baño y sus pilas de todo amontonadas por todos lados. Hogar, dulce hogar.


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