El tea party de Alaska y Mario: de drogas malas, buenas y tal

Alaska y Mario

Desde aquel momento en MTV en el que Mario “brindaba por la química” me quedó pendiente el poder escucharles conversar sobre el tema de las drogas. Aquí, un servidor a sus treinta y nueve años, pasea muchos kilos y muchas noches locas encima, así que obviamente tengo mi visión particular sobre el tema en cuestión. Pero yo quería saber el de ellos, gente del espectáculo, la noche, del mundo que siempre se asoció al exceso. ¿Quién es “el drogadicto”? ¿El que se come un éxtasis a las doce de la noche o la maruja que se traga dos orfidales viendo la Ana Rosa por puro aburrimiento? ¿Son todas las drogas malas malísimas o existen las drogas buenas y tal?

En ‘El tea party de Alaska y Mario’, su nuevo proyecto a través de Google Plus, la pareja ha tocado el tema en cuestión, acompañados de su inseparable Nacho y el doctor Fernando Caudevilla. La respuesta que he podido obtener de este grupo ha sido la esperada: las drogas son todo lo buenas y malas que cada uno quiera hacer de ellas. Cualquier exceso es malo, ya sea con drogas, comida, jugando a lo que sea, tomando el sol, haciendo ejercicio… exceso malo, de toda la vida.

Igual que un grupo de amigos se reúne para tomar unas cervezas para echar unas risas y está bien visto, si en otro grupo de amigos uno sacara un porro y se pusiera a fumar, lo mismo alguno se pone a hacerse cruces como si hubiese sacado una pistola. ¿Entonces el alcohol no es una droga? ¿Los alcohólicos son enfermos y los drogadictos son leprosos? El café produce adicción, ¿deberían prohibirlo? Existen los adictos a Facebook, ¿les enviamos a la luna? Nos encontramos con que todo acaba en las mismas preguntas de siempre. Mi opinión: las drogas, empezando por el café, la coca-cola, la cerveza y llegando a la heroína, cocaína y demás son adictivas, y luego existe la persona débil, la que se escuda detrás de una realidad falsa para afrontar un día a día que odia. La unión de ambos crea la bomba de relojería que todos conocemos. El resto, el que consume una noche y se divierte con su gente, ese no interesa porque no se le puede señalar con el dedo acusador. Fin.


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