The Challenge: palancas de cambios y guerras sin piedad

The Challenge

Segundo programa de la edición veinticinco de ‘The Challenge’ y esto no puede pintar mejor. Esta semana cambiaron el vértigo por la velocidad. Por un momento se podría pensar “bueno… más fácil”… pero pensar eso sólo serviría para acabar cometiendo el peor de los errores. A ver, tú, que conduces casi a diario tu cochecito, ni bueno ni malo, el tuyo, con sus cinco marchas y sus pegatinas horteras que tanto te gustan. Si tuvieras que subirte en otro coche para una prueba de velocidad no tendrías el más mínimo problema. Pero el 90% de la gente que concursa en ‘The Challenge’ están acostumbrados a coches con cambios automáticos. Nunca una línea recta se hizo tan larga. Acababas sufriendo más por los coches que por los concursantes.

La segunda parte de esta prueba de velocidad consistía en llevar una bicicleta en la que el manillar estaba fijo y debía ser la chica la que, sentada de espaldas y ayudada de sólo una palanca -como las de los hidropedales- intentar controlar la dirección para completar un circuito. ¡Un cuadro, oye!

Los más lentos se enfrentaron en el duelo final. Esta vez sin tener que hacer el bestia uno contra otro, sino contra un muro, el cual debían escalar haciendo agujeros a puñetazos, codazos y patadas. Desesperante y genial. Deseo con todas mis fuerzas que traigan este programa a España, pero sin cortar nada ni suavizar las pruebas. Ya estoy empachado de tanta agua con azúcar.


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