The Real World: Un último esqueleto y una despedida incómoda

The Real World

Esta semana damos por concluida la temporada 30 de ‘The Real World’ con un final de lo más agridulce. Tony y Bruno han conseguido con sus acciones que todo termine revolucionado. El primero en cagarla fue Tony. Su afición al alcohol ha sido bastante sonada desde el principio de la temporada. Cuando empieza, le cuesta parar. A una semana de que todo terminase no tuvo nada mejor que hacer que robar una botella en el mismo club en el que estaban todos de fiesta. Los de seguridad vieron el percal, quisieron que Tony pagase la botella y Tony, para variar, no tenía dinero. Al final tuvo que ser alguien ajeno al grupo el que pagase la botella. Lo malo vino cuando Nicole, como siempre muy de sus chicos, defendió a Tony en vez de patearle el culo. Todo terminó con Jason perdiendo los nervios y empujando a Nicole, tirándola al suelo. El encontronazo pilló fuera de juego a Nicole, dando por terminada su amistad “irrompible” con Jason.

Luego teníamos a Bruno, que llevaba ya varias noches sin querer ir a ningún lado con sus compañeros, prefiriendo quedarse con Carla. Aunque con su nueva chica no es que fuesen mejor las cosas, ya que consiguió quedar como el machista que es no dejándola pagar en un restaurante, enfadándose con ella por faltar así contra su hombría y echándole de la casa para rematar la faena. Obviamente hubo reconciliación, y fue ahí cuando consiguió rizar el rizo de lo incómodo. Carla fue a recogerle el último día para llevarle al aeropuerto y Bruno se fue sin despedirse, dejando a toda la casa con la boca abierta. Bruno, eres gi-li-po-llas… así… todo seguidito y hasta con los guiones.

¿Y quién fue el último esqueleto? No podía ser otro: el padre de Jason. El dramón fue chiquito. Jason por fin pudo conocer a su padre y saber que, ese hombre cruel que le abandonó soltando una risa maléfica con la música de ‘Psicosis’ de fondo, ahora era casi un anciano con toda una familia feliz a sus espaldas. Jason fue producto de una noche loca. Su padre no se siente orgulloso de haberle dado de lado, pero su situación actual mostró que una metida de pata monumental en la juventud no tiene que significar que sea una mala persona. Todo tiene su porqué, ¿no?


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