Una nueva edición cargada de sorpresas.

Ayer fue una noche muy esperada para todos los seguidores de GH: comenzó una nueva edición, llena de sorpresas y con concursantes prometedores. La principal novedad es la existencia de una casa espía, desde la cual los habitantes podrán observar a sus compañeros de la casa once (la casa de GH tradicional, por llamarla de alguna manera). Mediante esta información deberán adivinar quién será el próximo expulsado de la casa, y el que lo acierte podrá pasar a la casa once.

Pero la cosa va más allá. Todos los habitantes de esta casa espía guardan un secreto: un matrimonio, Laura y Ángela, debe fingir no serlo (algo que inevitablemente nos recuerda la historia de Gema y Carlos F. en GH10); Ángel y Lis, que se acaban de conocer, deben simular que son novios; Saray debe ocultar que su madre, Pilarita, también concursa en GH; y finalmente, Hans sabe los secretos de todos pero no puede decirlo. De todos los secretos, creo que el primero que se descubrirá es el de Saray, a juzgar por la cantidad de veces que su madre la nombra.

La existencia de esta casa espía y los secretos de sus habitantes me parecen un acierto: hasta que los concursantes no se suelten y den juego por sí mismos, este tipo de estrategias consiguen entretener al público. Al menos, ayer ya reímos bastante con el encuentro de Ángel y Lis. Ella es una mujer con las ideas claras, que no soporta el tabaco y que no le gustan los hombres con pelo largo y barba. En Ángel tiene exactamente lo que no le gusta. Independientemente de cómo caigan ambos, estoy segura de que nos esperan muy buenos momentos.


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